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  En el año 1927 en el joven pueblo de Río Tercero, fundado catorce años atrás, se presentó una situación que  hoy podemos verla como una ironía.
El pueblo contaba con un numeroso grupo de aficionados al “football” que habían decidido formalizar dicha práctica a en una institución conocida como Club Atlético Río Tercero, allá por 1915. La inmensa cantidad de extraordinarios futbolistas que se reunían por aquel entonces terminó generando un conflicto, ya que eran demasiados para un solo equipo. Como consecuencia de ello un grupo de jugadores comenzó a gestar el nacimiento del Club de Football 9 de Julio.
Sin grandes pretensiones y con una gran humildad, como nacen los grandes… calladamente como crecen los que tendrían una potente voz… un grupo de estudiantes, amantes del deporte se propusieron formalizar la práctica de fútbol en una entidad, creando así el 11 de Agosto de 1927 en la casa de Agustín Caballero (en la Avenida Pio X de Barrio Norte), la que puede considerarse una de las más pujantes y progresistas instituciones deportivas no solo de la ciudad, sino de la provincia y del país: Club Sportivo 9 de Julio.
En la primera Asamblea, no solo eligieron los colores y el nombre de este nuevo grupo: “CLUB DE FOOT-BALL 9 DE JULIO”, sino también a su primer comisión Directiva, presidida por Demetrio Orejas, acompañado por Zenón Cepeda (Vicepresidente), Pedro Espel (Secretario) y Agustín Caballero (Tesorero). No podemos olvidarnos de otro gran numero de entusiastas colaboradores como fueron: Andrés Moreno, Inocencio Brocanelli, Antonio Brocanelli, Celestino Brocanelli, Arturo Osses, Emilio Ferrero, Ricardo y Domingo Cubarle, Aquino Figueroa, Tránsito Berón, José Sosa y Francisco Argüello.
Eran tiempos muy difíciles y con pocos recursos, pero lograron que la recientemente instalada Municipalidad de Río Tercero, colaborara con ellos con el objetivo de apuntalar las actividades deportivas de pueblo. Fue un aporte importantísimo, ya que se le solicitó el préstamo de un terreno ubicado donde actualmente funciona la Escuela General Manuel Belgrano y si bien el municipio lo iba a destinar a una plaza pública, accedió a que dicho sector se convirtiera provisoriamente en el campo de juego de éstos jóvenes.
Deportivamente tampoco fue fácil el comienzo, ya que arrancaron con una dura derrota ante el Club Sarmiento de Hernando por 7 a 0, de la cual se repusieron rápidamente y en la revancha los derrotaron por 1 a 0 con gol de José Rosario Sosa, este primer gol  que quedará por sierre en la memoria de la institución.
Para poder reunir algunos fondos y comenzar un camino de crecimiento, el predio fue rodeado de bolsas de arpillera y gracias a ello poder cobrar entradas. Pero les sobrevino un apuro cuando la Municipalidad le solicitó la devolución del lote y el presidente del momento Dr. Arturo Piattini, apeló a la generosidad de la viuda del fundador doña Zoila torres de Acuña, solicitándole tierras donde poder continuar practicando. Doña Zoila, una vez más demostró un gran gesto de generosidad  ofreció eligieran entre dos lotes que eran de su propiedad. Uno situado entre las calles Esperanza y Fray Justo Santa María de Oro y el otro enclavado en la Av. San Martín (rodeado de las calles General Paz, Colón y Yatasto). El segundo, fue el elegido y allí comenzaron las obras dando prioridad a la cancha de fútbol, que en esa oportunidad se ubicó en el lugar que actualmente se encuentra la pileta de natación y el salón pequeño.
Tras muchos años de sacrificio y trabajo, los patriotas recibieron la escritura pública definitiva de aquellos terrenos, de manos de doña Zoila Acuña de Marín Maroto (hija de la donante del lote), el día 28 de septiembre de 1946. Con la tranquilidad de poseer una ubicación fija comenzaron a ampliar las instalaciones en la manzana lindera, en aquellos tiempos sus equipos ya brillaban en la región nacida Liga Regional Riotercerense de Fútbol. La amplia visión de los pioneros patriotas, los llevaron a ir incorporando otras actividades como el básquetbol, las bochas y el tenis que la irían convirtiendo en un importante lugar de reunión de la creciente y próspera comunidad. Y por ese entonces “9” comenzaba a exceder lo deportivo e incursionaba en lo social, nadie puede olvidarse de eventos tales como los bailes y los festivales, entrañables en el recuerdo de muchos Riotercerenses.
Pero el entusiasmo no paraba, se decide trasladar la cancha de fútbol, por primera vez, para iniciar las obras de la torre de oficinas y el salón chico. Para ello consiguen una nueva donación en la manzana lindera, a donde se llevó la cancha de fútbol, en la década de ’50, la cual contó con un importante arco de ingreso, tapias y plateas. No conformes con ello no cesaron de trabajar hasta convertirla, en 1956, el la primer cancha  iluminada de Río Tercero.
No menos activa fue la labor del grupo del básquetbol, ya que en la década del ’30 se habían convertido en el segundo deporte del club, pero sus primeros pasos los tuvieron que realizar a varias cuadras de la sede, en la calle Córdoba (actualmente Justo J. Magnasco) y el segundo rectángulo de juego se situaba en la céntrica esquina Libertad y Alberdi. Recién se asentó definitivamente cuando se construyó una cancha de mosaicos dentro del club y comenzó su consolidación, convirtiéndose “9” en uno de los principales participantes en el nacimiento de la Asociación de Básquetbol Río Tercero.
La concentración de actividades era cada vez mayor, se construyeron dos canchas de bochas y se convirtió en uno de los protagonistas más importantes de la zona en dicha práctica.
Sin prisa pero sin pausa, el crecimiento mantenía un ritmo constante, se suma un nuevo deporte: el tenis (1962), El llamado deporte blanco ya se practicaba en la ciudad, pero el “Patriota” fue quien construyó dos de las primeras canchas de polvo de ladrillo. Este deporte llevó el nombre de “9” a un plano internacional con la figura de Ivana Madruga en la década del  ’80; Esta pequeña niña que creció en las canchas de nuestro club y luego paseó su tenis por todo el mundo. Esto fue un gran incentivo en dicha actividad, por esa época gran cantidad de niños comenzaron a concurrir y participar  este deporte.
En la década del ’70, el club se vio ante una importante disyuntiva, los próximos pasos serían trascendentales para seguir creciendo, pero había que sacar del corazón de club, la actividad que le había dado origen: el fútbol.
Para ello de adquirieron 3.5 hectáreas sobre el camino a Tancacha y allí comenzó a construirse el nuevo estadio, el actual ANICETO HORTAL, que lleva esta designación como reconocimiento a un inolvidable dirigente para los socios albicelestes.
Los progresos institucionales y de infraestructura fueron dignamente acompañados por logros deportivos y la aparición de rutilantes figuras que para siempre llevarán la marca registrada del “Patriota”: Rubén “la Bomba” Diz, su hermano Oscar “Pinocho” Diz y Gustavo “Lobito” Fernandez quienes, entre otros, pasearon se talento por diversos estadios de parquet del país. El fútbol tampoco se quedó atrás con algunos nombres como los de Juan J. Moyano, Juan Billeta, José Beccerica, Lucas Valdemarín que desplegaron sus habilidades por cuantas canchas los tocó jugar.
Más allá de la circunstancia anecdótica del desprendimiento en su origen, de un actual rival deportivo, el destino le tenía deparada a esta progresista y pujante institución un futuro pleno de glorias y satisfacciones para todos los que ayer, hoy y siempre llevan con orgullo la camiseta albiceleste en lo más profundo de su corazón.
 
     
 

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